viernes, 2 de mayo de 2014

Noche de Terror por Nicolas Marruccelli


                                                                   Noche de Terror   

     Era una fría mañana de otoño. Ese sábado Johnny se levantó temprano y fue a visitar a su  primo en el campo, donde la mayoría de las veces se encontraban él a jugar a la pelota. Johnny era robusto, aventurero, de poco hablar y  tenía diez años de edad. Se dirigía por el camino que debía seguir hacia el extenso bosque, que luego debía cruzar para llegar a la granja de los Vigorens. Siempre solía llevar una brújula consigo, la cual en momentos inesperados lo ayudaba a orientarse en su camino. Recuerdo que en muchos casos, nos perdimos juntos y fue lo que nos ayudó a poder volver a casa.   
     Desde que nací, me había criado junto a Johnny, él era un hermano para mí, un ejemplo a seguir. Aunque no pertenecía a mi familia, a consecuencia de que era un niño adoptado por mis padres, yo lo apreciaba como a ese hermano que siempre quise tener.
      Todas las mañanas, él se levantaba temprano, como por costumbre, y se sentaba en la terraza con intención de avistar distintos tipos de aves que llamaban la atención con sus diversos sonidos y plumajes, también le agradaba contemplar los distintos paisajes arbolados, llenos de frutos y flores de todos los colores. Siempre estaba presente su fanatismo por la naturaleza. Solía vestir ropa adulta dado que siempre quiso ser una persona mayor, es más, sus modales y formas de expresarse al hablar y demás, conducían a una personalidad no acorde a sus años. A pesar de coincidir nuestras edades no compartíamos los mismos juegos. Nunca quiso jugar conmigo con los autitos de juguete.
      Al momento que decidió partir hacia los amplios campos del tío Billie, Johnny tomó todos los recaudos necesarios para iniciar dicho viaje, entre ellos, debía cargar su mochila con elementos necesarios para poder subsistir en caso de un imprevisto. Contaba con una vasta experiencia en este tipo de caminatas, lo que hacía muy difícil que algo malo sucediera.
    Recuerdo muchas meriendas en casa juntos, escuchando a mamá hablarnos sobre los peligros de largos caminos, cruzando bosques oscuros y tenebrosos. Solía repetirnos siempre la misma broma sobre que un gran lobo feroz, se escondía atrás de los grandes arbustos, esperando que aparecieran niños. Nunca le creímos.
    Al instante de los preparativos para la partida, todo lo necesario estaba sobre la mesa de la cocina, la mochila estaba lista para ser cargada, el agua fría, barras de chocolate para el camino, la linterna y la tan importante brújula para guiarse en caso de perderse.
    Algo inesperado sucedió, algo lo distrajo, la tele estaba prendida con su programa favorito de dibujos animados, lo que hizo que cometa un grave error. Olvidó su gran compañera, la brújula y sin ella partió.
     Aquella tarde del sábado, un tanto soleada, fue como comenzó su recorrido hacia donde se dirigía, la granja de los Vigorens; allí visitaría a nuestro primo. Eran varios kilómetros para caminar, pero nada para asustarse ya que varias veces había hecho el mismo trayecto. Al anochecer, cuando los animales nocturnos comienzan a asomarse, decidió hacer una parada para comer chocolate y beber un poco de agua. Se distrajo observando distintos murciélagos saliendo de sus cuevas y pequeñas ardillas escabulléndose en los árboles. Todo hacía pensar que muy pronto llegaría a su destino, pero lo que no tuvo en cuenta fue el poco tiempo que le quedaba para que oscureciera completamente. En ese segundo, obviamente lo primero que hizo fue sacar su linterna para poder tener una pequeña vista de su alrededor, aunque esto no le alcanzó para ubicarse en el lugar exacto donde se encontraba. Necesitaba su brújula.
     Empezó a buscar ansiosamente dentro de la mochila, estaba seguro que la había llevado, pero nunca apareció. Ahí fue como recordó que al momento de guardarla se distrajo y la olvidó sobre la mesa de la cocina.
     Un sentimiento de miedo se apoderó de su cuerpo. No sabía qué hacer a pesar de su basta experiencia en campamentos, nunca le había ocurrido algo así. Sólo decidió calmarse y pasar la noche bajo un árbol hasta que amanezca y así poder aprovechar la luz del día para tener una amplia vista del bosque y ubicarse.
     Esa noche, yo me había comunicado con mi primo para saber si Johnny había llegado bien pero cuando escuché su respuesta, un escalofrío pasó por toda mi espalda, una horrible sensación de pánico se apoderó de mí. Johnny nunca había llegado.
      Luego de hablar con mi primo, llamé por teléfono a mis padres que se encontraban en una fiesta para comentarles lo que había pasado, no obstante, no me respondieron. Me sentí solo, no supe que hacer, sentía culpa por no haberlo acompañado a Johnny en aquel terrible viaje. Empecé a recordar aquellas bromas que mama nos hacía; nunca creímos aquellas historias del lobo feroz, aunque la idea de pensar que podían ser ciertas, me aterraba.
      Un gran cansancio se apoderó de mi, lo que hizo que dejara la lapicera a un lado, para que mañana al despertar encuentre el final de esta historia de terror.     
        
    Nicolas Marruccelli 4to 2da TM

La Jaula

Voló. Simplemente agitó sus alas y el gorrión celeste, que Magali tanto había amado desde su infancia, escapó de su vida como agua entre los dedos. La jaula con barrotes torcidos y desecha, prisión del pobre animal, no pudo con él. 
 Su dueña se conmocionó por su pérdida, llegando al punto de no saber qué hacer, ni dónde ir ni a quién recurrir. Magali, una mujer de unos veintiocho años, cabello negro y largo, ojos oscuros y una sonrisa triste vivía sola (a excepción de su mascota) en su pequeño departamento. Trabajaba en una gris y sórdida oficina, donde no tenía interacción con otras personas más que con su vieja computadora y su testarudo y poco considerado jefe. Distanciada relación familiar, difunta madre, soltera, sin hijos. Una vida solitaria para una joven sin expectativas.   
 Con la pérdida de su gorrión, Magali quedó shockeada. No salió de su casa por una semana, dormía poco, lloraba la mayoría del tiempo y leía. Leer. Eso era lo único que podía mantener su ánimo a un punto aceptable. Leía novelas románticas, policiales, poesía, entre otros. Recorrió toda su gran estantería repleta de libros de todo tipo de género, compró nuevos y hasta descargó libros virtuales en su oficina sin que su jefe la descubra.   
  Una tarde, se encontraba en su casa, con su cuerpo pálido y delgado tirado en el sillón y la mente en blanco. Repasando su departamento con la vista, descubrió un libro que no había visto antes allí. Lo recogió y leyó el título: "Rebelión en la granja". La palabra rebelión provocó una chispa en su interior, empezando en ese mismo momento a aventurarse en la historia. Animales que hablan entre ellos que establecen pautas para la convivencia, luchan contra los humanos y consiguen su libertad. 
 Finalmente terminó la novela y meditó durante un largo rato. En su mente, todo estalló. Pudo ver todo su contenido pasar frente a sus ojos. Animales. Gorrión. Jaula. Volar. Libertad. Todo esto de repente la abrumó, pero entendió. Entendió que ella también podía liberarse de su triste vida. Entendió que también había estado encerrada durante mucho tiempo, y llegó el momento de abrir la jaula. En ese mismo momento, corrió a la ventana. La abrió de par en par. El sol acarició su rostro, llenándose de vida. La brisa alborotó su cabello, reluciendo su belleza. El canto de los pájaros la invitaba a salir. A salir volando. Y ella se dejó llevar. Agitó sus alas y simplemente voló.


Ramiro Clerici, Sofia Monello, Jimena Muñoz.

jueves, 1 de mayo de 2014

“El viajero en pena”

Noche fría en una aldea alejada de Suiza, Jorge, alma viajera, venia deambulando por los restos de aquel descontento que tantos estragos causó. Un paso, dos pasos, tres… A cada movimiento, cantidades de cuerpos inanimados como las ruinas que tal problema dejó. Este viajero, alto y fornido, ojos tan oscuros como el café, cabello largo cuan crin de caballo, caminó y caminó, con un abrazo claro que se perdía en el blanco de la nieve y con un morral el cual parecía salido de la guerra. Luego de tanta travesía, distracción entre tanta desgracia, notó que había un grupo de personas que luchaban por mantenerse calientes en una especie de estufa improvisada hecha de restos, tanto de inmuebles como de hasta los mismos cuerpos que yacían por todos lados. Ambiente apocalíptico, apagado, triste, notable por demás. Jorge apresuró paso, se asomó a la bendita creación para no morir por el frío y medió palabra para, de alguna manera, apaciguar tanta conmoción y comenzar a sobrevivir a lo que la guerra civil causó.
Luego de socializar, calmar las aguas y reconocer a quienes no fueron tan afectados, el viajero ideó un plan para poder llevar a cabo la gran tarea: primero que nada debía recuperar tantos recursos como se pudiera para hacer más tangible el hecho de pasar los días en lo que quedaba de aquellos lugares llamados “hogar”. Segundo que todo debían dar santa sepultura a los caídos y finalmente reconstruir, de a poco, aquello que el viento se llevó.
Pasan las horas, pasan los días, semanas y meses. Jorge había cumplido con sus promesas y los aldeanos comenzaron a festejar con júbilo. Entre gritos y exclames, brindis y alegrías, el andante notó que un joven, apartado de la multitud, estaba reposado contra una mole de cabellos verdes que bailan con el viento leyendo un libro. Curioso, Jorge le pregunta que esta leyendo y el púber responde con cierto ánimo de superioridad: -“Es “El viajero en pena”, es una leyenda”. –“Te haré 2 preguntas, ¿De qué trata tal leyenda? ¿Crees en ellas?” Preguntó ante tan ferviente respuesta. –“Se trata de un fantasma el cual ayuda a los pueblos en pena, si fueras un fantasma diría que hasta eres el protagonista de esta leyenda”
Acto seguido, Jorge desaparece con una sonrisa ante los ojos de el joven diciendo las siguientes palabras: “Yo también conozco esa leyenda, y muy bien”.


Maxi Bazán 4to 2da TM

Misántropo

La lectura  era mi única pasión en la vida, esta me acuñaba y abrazaba en mis tiempos más oscuros. Al no tener una vida social que me brindase calidez o felicidad, Me encontraba vagante  y perdido, solo una idea fija corría por mi mente: ¿Porque debía seguir respirando? ¿Por qué debía ser uno más? Si la locura es poder ver más allá .Mi  antropofobia era mi aislamiento, mi condena, un ataúd a punto de cerrarse. La gente que habitaba en el mundo exterior planificaba contra mí, sus miradas petrificantes eran una tortura que yo ya no podía soportar. Eran como una plaga que se expandía a través de la tierra, los describiría como una oscuridad invisible, proyectando una sombra, un cielo negro. Mi vida era una actuación que pronto se quedara falta de ideas, la historia pronto caerá por su propio peso. Soy una Imaginación hiperactiva que esclaviza un cuerpo vacío. Me extiendo en dimensiones de una obsesión adictiva. Domino el arte de la decepción que alimenta mi adicción enferma.
El orden de los hechos, la descripción de los personajes eran perfectos y atrayentes, supe que estaba frente a una obra única. Esta seguidilla de hojas era lo único que me  daba una razón de vida, estaba frente a Misery de Stephen King, un libro que reflejaba mis raciocinios más oscuros en sus blancas y arrugadas páginas. Esta depararía mi destino ya que leerlo me consumiría.
Permanecer ajeno al paso del tiempo quizás sea la cura, el frio hierro del cuchillo se presentaba ante mí atrayente y como una rápida salida. Un tajo  hizo que todo empezara a fluir y comience  a leer el primer párrafo: “Una oscuridad en la que no crecían las flores y en la que una caída seria casi eterna antes de llegar al fondo”. De repente mis pupilas se encandilaban con una seguidilla de párrafos, cada vez me aprisionaba más a él. Mi vista llegaba a su límite, los renglones ya eran prácticamente ilegibles, un aroma me hipnotizaba y me atraía hacia su realidad. Poco a poco me iba sumergiendo en ese océano de letras. Mi Cuerpo se perdía en el arrugado papel, la esencia del libro. Me apagaba al pasar de las hojas, todo se volvía oscuro.
 Mis ojos se abrieron en una lúgubre tiniebla, mi vista era nula solo podía observar la opacidad de la oscuridad. Un aroma a sangre impregnaba el aire. Me encontraba en un repulsivo y oscuro lugar, la falta de luz era tan profunda que se me hacía dificultoso imaginar si afuera existiese la luz, o si esta misma era luz comparada con las verdaderas tinieblas, viajaba hacia la nada. Un dolor agudo navegaba desde mis pies hasta la nuca, tanto sufrimiento inexplicable colmaba mi mente de más incógnitas.
Estar allí significaba el peor suplicio, la peor angustia y la desazón de no poder salir, pero de donde pensaba salir? ¿O si existía el afuera? Estos interrogantes me transportaban a un paso de la demencia. La manía se transfiguro en mi más leal camarada. El dolor físico y la enajenación mental se unieron y conjunto a esta unión llegaron nuevos condimentos extra: La sed y el hambre. ¡Oh dios abre mis ojos para ver un momento de claridad!
Mi lucidez se veía asesinada violentamente por raciocinios alucinógenos. La manía llego enfundando mis sentidos de demencia, mi mente colapsaba, mi mentalidad humana se sumergía en lo profundo del talud, en una zona vacía.
No quedaba tiempo para más, la última gota de mi existencia se apagaba tenue al frio aire que abrazó por última vez mis pulmones, un último suspiro dijo suficiente y mi mente por fin pudo despegar. El frágil arte de la existencia se desintegraba lentamente.
El libro se cerró, el lector ya no hacia acto de presencia, el lucido estado de la obra daba a entender que era impecable. Con su cubierta gris que no alimentaba a la imaginación, se mostraba firme y dura, bien real. Sus páginas eran blancas, lisas y casi perfectas, salvo por un pequeño detalle, en su última hoja poseía un enorme manchón rojo.
Por: antu  y Uriel

VENENO - JOACO TREBLINER

                                                                  VENENO


Siempre tuve problemas con esto, no lo puedo evitar.  Enloquezco por un poco, pago miles por una simple dosis. Gasto todos mis honorarios en esto, aún ganando millones al mes mi familia me tiene que mantener.
Pero con esto llegué y pasé el límite, estoy tirado en mi habitación. Tras horas y horas de placer estoy agonizando, rodeado de vomito y con bolsas y bolsas de heroína a mis alrededores.

Todo comenzó cuando en la casa de un colega muy respetado, junto a otros escritores, conocí la droga. Yo era un autor joven con tres libros editados y, según la crítica, con un futuro más que prometedor.  Como un tonto, me dejé llevar por los comentarios de viejos escritores mucho más jóvenes de lo que sus rostros lucían, (Aún así tenían el triple de los años que llevaba vividos). Ellos me decían que lo pruebe, que todos los autores de moda lo hacían y que, incluso, les hace escribir historias mucho más vívidas e interesantes de las que haya escrito un mortal alguna vez.   Y eso hice. Empecé a consumir. Al principio solo en mis malos momentos, luego, con el tiempo, a toda hora y en toda ocasión.

Empeoré mis redacciones, mis editores estaban cada vez más molestos e impacientes a la espera de un trabajo coherente y digno de alguien con mi nombre. Mi esposa me dejó debido a repetidas reacciones violentas en busca de dinero para conseguir más narcóticos.

Preso de una enorme angustia y con mucho amor propio, decidí ir a un internado. Después de cinco horribles y duros meses, fui dado de alta. Fui noticia en todos los medios, la gente esperaba mi próxima obra, mi regreso triunfal. Pero nunca fui el mismo, hice lo mejor que pude, lo comercialicé y tuve las peores ventas de la editorial.

Fui echado, humillado y olvidado al instante. No podía estar pasándola peor, compre innumerables dosis con el poco capital que me quedaba y me encerré en mi departamento.

Acá estoy, luchando por mi vida, redactando mis últimos pensamientos. Nunca pensé que llegaría hasta esto. Estoy por morir y nadie me va a recordar, ni mi familia (porque he sido un estorbo estoy últimos años), ni mi ex esposa que me odia y ni siquiera mis fanáticos a los que les brindé mis mejores destellos de imaginación. Ya no soy nadie para nadie, nadie me recordará, nadie me llorará. Y todo por este veneno que te da cinco segundos de gracia y mil horas sin razón.
Ya morí.


JOACO TREBLINER

El Destino por Luciano Rosende

Era un anochecer como cualquier otro , me sentaba en la almohada de mi cama y leia una novela de aventura que leia todas las noches . Era muy agotador para mi leer por mucho tiempo y tampoco me gustaba terminar rapido los libros que me gustaban , me recoste sobre mi cama y lentamente cerre los ojos hasta dormirme placidamente . Al levantarme el otro dia por la mañana , el amanecer resplandeciendose por mi ventana , me visto delicadamente para preparame el desayuno y volver a mi rutina laboral . Estando preparandome para irme , logro sentir una falta importante en mi , como si me hubieran sacado algo del bolsillo , o me hayan sacado un brazo , veia que mi libro habia desaparecido . Mi novela de aventura habia desaparecido sin razon alguna , me fije para ver si habia entrado algun ladron por mi casa , llame a la policia para preguntar por algun robo en la zona , aunque un robo de un libro me parecia insuficiente para un ladron . Tratando de descubrir este misterio , volvi a mi rutina de trabajo , con la intriga en mi cabeza sin dejarme en paz , un parasito aniquilando mi ser por dentro por la falta de un objeto , pense que esta novela barata era algo mucho mas importante ,sentia que todo lo de mi alrededor formaba parte de una historia pre escrita , algo que iba a suceder tarde o temprano , volviendome lentamente loco . Habiendo terminado el dia , me encuentro con una libreria de camino a casa , y pregunto por el cuento . Ansioso como estaba , la señora me informa que tal libro no existia , desesperado por la respuesta pregunto si sera que no tendrian mas copias , y ella insistiendo que este libro no fue escrito por nadie . Lleno de temor regreso a mi hogar a recostarme para leer mi "novela" , diviso por la lejania , mi novela de tapa dorada , la tan perdida y desesperada por buscarla comienzo a leer desesperadamente para conocer el final , pero las ultimas hojas no estaban . No habian rastros de que alguien hubiese arrancado las hojas , mas como si hubiesen desaparecido por arte de magia , senti en ese momento que esta novela no era de aventura , si no que era algo encubierto para darme un mensaje , algo que me llegase a pasar , como si el libro hubiera decidido no contarme mi final de la historia , si pudiera ser el protagonista de la historia que hace todo bien , o ser un desalmado por la vida tratando de fingir ser alguien que necesita esa aventura para tener un proposito de seguir viviendo.

La espera por la Dalia-Milena Haddad

Ya había intentado de todo un poco. En un principio, la situación conservaba su naturaleza horrorosa y los hechos que habían acontecido desesperaban a la familia, pero ahora ya meses después de ese devastador y a su vez interesante comienzo, estábamos cansados, yo estaba cansado, mi familia ya hace meses que había de dejado de reparar en la condición de mi hermana. Apenas comenzada la primavera, encargarme de ella solo, era interpretado por mi mismo como una prueba de amor pero a medida que las estaciones fueron transcurriendo, las hojas caían tal como mi esperanza de que alguna todo volvería a ser como fue antes. Ni siquiera me permitía soñar con volver a verla tan vivaz y tan dulce como solo ella era.
  Se escondía el sol sobre el siempre  gris firmamento. En el sótano de casa, yacíamos los dos, era la hora de la cena y por eso yo había bajado a ver si conseguía que Dalia pruebe bocado, como ya casi nunca pasaba. Después de haber acomodado correctamente aquel saco de huesos, piel, fluidos y una que otra deformación extraña que algún día fue la única mujer a la que obedecí, me senté al lado de ella sobre la cama y la miré a los ojos con mirada inquisidora y la cuchara con sopa en la mano, casi amenazante para su entender. Luego del tercer bocado, empezó a gimotear como un bebe cuando quiere dejar de comer, la única diferencia era que ella ya tenía unos largos 27 años. Al finalizar esa escena deprimente, me sujetó con sus gélidas manos para que la regrese a la posición de descanso y aunque le prometí que me iba a quedar con ella durante todo la noche apenas concilió el sueño me fui amurado de allí.
 Todos los días lo mismo, solo empeoraba y empeoraba lentamente, primero dejó de salir a la calle, a los pocos meses de caminar y de comer y ahora ya también estaba abandonando el habla y todo tipo de actividad ociosa que semanas atrás hacía para evitar la depresión por el largo tiempo que permanecía postrada en esa cama. No solo eso sino que cada vez su aspecto era más cadavérico y desagradable, sus brazos y piernas tenían casi la misma flaqueza, su voz era resquebrajada y agitada y solo se oía en quejidos, llantos y susurros, pero había una parte suya que era aún peor que todo eso, sus ojos bañados en un rojo amarillento que hacían en ruido desagradable en cada parpadeo debido a la deshidratación.
  Después de ahorrar durante casi dos largos meses como vendedor de los mejores y más actuales libros en todo Londres, pude conseguir un médico el Dr.Messvoyance, un francés estirado de unos 40 años que tocó a mi puerta y se vio sorprendido cuando le explique que tenía a Dalia en el sótano por que no me gustaba como le daba un ambiente lúgubre a mi humilde departamento.
 Ya en el sótano, el doctor se paró enfrente de ella, yo estaba parado atrás y un poco al costado de él, se inclinó sobre ella cuidadosamente pero de una manera extraña (como si estuviese ante la presencia de un extraterrestre) y con él ceño muy fruncido murmuró unas frases en francés mientras la olía y le tocaba la cara asombrado, se dio vuelta y retomando una postura erguida me pregunto sobre datos básicos, síntomas, edad y obviamente sobre cuanto estaba dispuesto a pagar. Entre exclamaciones, ruiditos de asombro y largos suspiros, el francés paso horas observando y palpando a mi hermana, cada vez que encontraba algo extraño se alejaba un poco de ella, caminaba en círculos y a veces incluso acudía a un libro enorme y todo empolvado que había traído entres sus pertenencias. Luego de 3 largas horas, se sentó en el diván y acomodándose los anteojos me dijo con una voz muy suave-muchacho realmente lo siento pero no creo que tu hermana llegue a vivir ni una semana más…-
 Mi reacción fue sorprendente no me sentí triste ni mal de ninguna forma de hecho me sentí bastante aliviado de que todo este por terminar, Dalia había sufrido demasiado y lo único que quería para ella era una muerte digna, sin dolor. Quise acompañar a Messvoyance al la puerta cuando me tomó de los hombros deslizó sus brazos por los míos hasta sujetar mis manos, se arrodilló y en forma de súplica me hizo una propuesta muy perversa pero no tan desubicada. Me explico que él quería que yo le diera el cuerpo de mi hermana para probar nuevas técnicas de una medicina experimental en Francia, esta rama era furor allí desde hace un par de meses y a veces hacia efecto y curaba cualquier tipo de mal o enfermedad.
Esa fue la primera vez que oí sobre el Mesmerismo y el magnetismo interior de las personas, me pareció una idea estúpida pero de todas formas le entregué el cuerpo de Dalia, no había nada que perder.
 Luego  de dos días Messvoyance volvió a tocar a mi puerta esta vez acompañado por dos o tres doctores más y se llevaron a Dalia hacia Francia, mis últimas palabras hacia ella fueron una promesa, la hice prometer que de salir bien el experimento Dalia regresaría.

De eso han pasado años y nunca la volví a ver. He oído mucho sobre el Mesmerismo hasta ahora y ninguno de los relatos son alentadores, inclusive he leído cuentos sobre eso pero espero que ese no haya sido el destino de mi pobre y dulce Dalia.

El plan perfecto. Candi



El plan perfecto


Entre frases de consuelo y murmullos, Francisco, bostezando, guardaba los objetos de su oficina en una caja de cartón, pensando solamente en lo tonto que había sido.
Al llegar a su casa, comenzó a sacar las cosas que había guardado en la mañana y allí encontró un libro de tapa antigua que había heredado de su padre hacía un par de años atrás, cuando su corazón dejó de latir.
Él nunca había tenido tiempo para leerlo, por lo que decidió comenzarlo. El libro trataba de un hombre cuyo orgullo había sido abatido y haría todo lo posible por recuperarlo, así tuviera que amenazar o matar a alguien.
Pasando de capítulo en capítulo él tenía más y más ganas de ser el protagonista de esa novela tan atrapante.
Los días se iban como los dientes de león en una ventisca y él no soltaba el libro. No dormía, no iba al baño, no hacía nada más que leerlo.
Una vez terminado comenzó a crear un plan, un plan que tenía que ser perfecto, un plan que con el mínimo error ya no serviría. Y lo logró.
Al haber sido despedido, fue en busca de empleo, cosa que le resultó difícil ya que tenía 47 años y un estado físico pésimo. Al cabo de un tiempo consiguió uno como barrendero en su barrio. Trabajó duro hasta que obtuvo el dinero necesario para proseguir con su plan. Contrató a un sicario profesional, para que lo entrenara en el uso de armas blancas.
Empezó a seguir todos los movimientos de su ex jefe, quien lo había despedido. Se fijaba en los horarios de entrada y salida, cuándo iba a comer, cuándo eran los días en los que llegaba tarde y por qué, etc.
Cuando tuvo todos los datos necesarios se puso en marcha hacia la calle Azul Candi al 1997 y esperó hasta las 18:00 PM a que Guillermo, su jefe, saliera del trabajo.
Había llegado el momento crucial. Él estaba ahí, impecable como siempre, con su traje azul profundo y su maleta Sansonite en la mano derecha saludando a otros empleados, que ya se retiraban.
Francisco se echó a correr desde la calle de enfrente. En su mano izquierda llevaba un cuchillo afilado, puntiagudo, cuya hoja reflejaba el cuello de su jefe. En su cabeza repasaba todos los pasos que le había enseñado su mentor, cuando de golpe, POOM, lo arrolló un auto…
-Francisco!. Gritó su jefe.
-¿Eh? ¿Qué pasó?. Respondió sorprendido.
-Otra vez se quedó dormido en el trabajo y no me queda más remedio. Está despedido. Guarde sus cosas y lárguese.


Manuel Candi Tormos

miércoles, 30 de abril de 2014

"El corte" Dago de Renteria

El corte
Hoy es mi cumpleaños- Tengo regalos de todas las formas y colores. Empiezo con el que tengo más cerca. Es uno envuelto con papel color verde oscuro,  una remera negra manga corta con una inscripción en el centro.

De entre todos los regalos hay uno que por su forma rectangular me llama la atención. Lo voy a dejar para el final. Abro casi todos los regalos. Solo me quedan dos; el rectangular y el que tengo en mis manos. Es liviano y tiene una forma extraña, está envuelto con papel madera y mucha cinta adhesiva. Esta es la causa de que tarde un minuto en abrirlo y descubrir que son los auriculares azules que vengo deseando desde hace un año.

El último regalo, tiene forma rectangular. Parece una caja pero es más macizo y no suena  a hueco. Está en una bolsa blanca y verde. Es algo que no pedí, un libro ¡y uno de cuatrocientas carillas! Este último regalo, es uno de mis regalos que creo no voy a usar nunca.

2 meses después

Estoy mirando la televisión cuando de repente ¡pluf! Se corta la luz en todo el barrio. Es uno de esos cortes que, desde el comienzo, se sabe que van a durar. Al cabo de una hora de no hacer nada, encuentro ese regalo al que todavía no había dado uso: el libro. Empiezo a leer y las páginas pasan solas. Una sigue a la otra y cada vez estoy más cerca del personaje principal y más lejos de la vida real. Viajo a mundos fantásticos sin moverme de mi casa. Ya estoy en la mitad del libro y miro el reloj, son las 4 pm. Hace una hora empecé a leer y no lo creo. Para mi, apenas pasaron 5 o 10 minutos.

Como todos los días a las 4 pm meriendo y hoy, no va a ser una excepción. Voy a la alacena y lo único que encuentro son unas galletas abiertas y húmedas. Me las como con una leche chocolatada fría y sigo leyendo.

Cuando la historia está por finalizar y solo me quedan 5 carillas la vuelve la luz y con esta el internet y la televisión. Pero esto ya no me interesa ahora solo quiero terminar de conocer la historia y descubrir muchas historias nuevas.

Fin

Dago de Renteria

martes, 29 de abril de 2014

¿Tan sola?

Alborotada choco contra la puerta y en el decimo intento de meter la llave lo logro, en cuanto, esa vieja puerta de madera con las bisagras que rechinaban, se abrió se abalanzo sobre el sillón. que con el salto que pegó al mismo se le quebraron dos maderas y sin darse cuenta sigo con lo que estaba haciendo, revolvió en es su cartera sacó " harry potter y las reliquias de la muerte" y comenzó a leer el ultimo capítulo "  El fallo del plan".

 leyó a pleno durante  20 minutos sin detenerse ni un segundo no se percataba de nada que pasara fuera de este libro ya que no había nada que a ella le podría interesar mas que ese capítulo. necesitaba saber el final de inmediato. cada hoja pasaba mas rápido que la anterior. su impaciencia era increíble. hasta que el momento llegó, respiró onda y en voz alta leyó la ultima oración "Usado por Draco Malfoy para detener a Harry tras la sala de los Menesteres". al terminar de leer esa frase se desplomó en el suelo, sus lagrimas corrían por su cara como cataratas mientras pensaba que todo había terminado, no quedaba nada mas porque luchar. hace tiempo había pensado en suicidarse ya que no tenía un trabajo digno, su casa apestaba, no tenia familia salvo esa tía mala con cual el odio era mutuo, según ella, y tampoco tenía amigos pero lo único que la mantuvo viva fue la literatura de j.k rowlling. en un intento desesperado por cambiar el destino de su vida se anoto en terapias de grupo, en terapia individual, hasta comenzó a leer "el señor de los anillos", lo intento todo para rellenar el gran hueco que había generado terminar aquella espectacular saga de 7 libros.

 lo medito durante barios dias postrada en su cama hasta que lo decidió, lo hizo, colgó la soga de un caño que sobre salía a la pared se colgó y se abalanzo hacia adelante.


 ella pensaba que estaba sola, que no tenía amigos ni alguien que la amara sin embargo en el funeral que su tía, con la cual se "odiaban", organizo había bastante gente, desde compañeros de trabajo, amigos de la infancia y de la adolescencia estaban allí hasta estaba el vecino que la observaba todo el día, que para ella era un pervertido, pero en realidad estaba perdidamente enamorado de ella pero nunca se había animado hablarle. estaban todas aquellas personas a las que ella concideraba que no les afectaría en lo absoluto su muerte estaban todas allí muy apenadas.



TOMAS GARRIGA

martes, 22 de abril de 2014

Luciano Rosende

Si se me diera una sola oportunidad para hacerle un bien al mundo , lo intentaria todos los dias de mi vida

viernes, 18 de abril de 2014

Autopresentaciones

Imágenes que producen sentidos y otorgan significado a las cosas. Puntos de vista. Permanencia e instante para verse y vernos. Fragmentos que resumen o describen o poetizan o narran. Formas, música, collage, yuxtaposición, colores. Imágenes que producen sentidos y otorgan significado a quienes somos.

 ¡Muy buen trabajo!
 Graciela

jueves, 10 de abril de 2014

Ignacio Colaneri

Algunas veces hay que alejarse de todo

Sol Renzo


"Tenemos que obligar a la realidad a que responda a nuestros sueños, hay que seguir soñando hasta abolir la falsa frontera entre lo ilusorio y lo tangible, hasta realizarnos y descubrirnos que el paraíso estaba ahí a la vuelta de todas las esquinas"

LAUTARO HULJICH

"SIN DARME CUENTA YA ME ESTA ABRAZANDO ESTA LOCURA"

miércoles, 9 de abril de 2014

Pedro Vernengo

 

“¿Si tuviera que definirme? Yo saldría por la puerta sin decir una palabra. Yo no podría definirme.” 
Luis Buñuel

Alanis Borrego




Receta panqueques de chocolate y mousse: 

Ingredientes Para los panqueques de chocolate: 
100 gr de harina 2 huevos 250 cc de leche 3 cucharadas de cacao en polvo 100g azúcarIngredientes Para la mousse de chocolate y café: 
200g azúcar 1/2 cucharadas de café instantáneo 180 g de chocolate para taza picado 2 cucharadas de gelatina sin sabor 2 tazas de crema batida 
Preparación panqueques de chocolate: 
Poner la leche sobre la harina poco a poco y removiendo, para que no se formen grumos. Añadir los huevos y batir 10’ en batidora (15 a mano) e ir agregando en forma de lluvia el azúcar y finalmente agregar el cacao en polvo. En una sarten para panqueques ( o una sarten común ) colocar una cuchara de manteca/margarina con la sarten en el fuego una ves derretida colocar una buena cantidad de mescla (1 cm de espesor ) dejar cocinar hasta que el panqueque se despegue solo, luego dar vuelta y dorar un poco 
Preparación mousse de chocolate y café: 
En una olla colocar el azúcar, 1 taza de agua fría y café, llevar a ebullición a fuego medio, 7-8 minutos o hasta obtener un almíbar ligeramente espeso.Retirar del fuego, verter a un bol y agregar el chocolate, revolver hasta derretir.Luego agregar la gelatina sin sabor integrar dejar entibiar.Incorporar la crema batida con movimientos envolventes hasta que quede una preparación homogénea. de jar enfriar porlomenos 2 horas 3. Sobre una superficie lisa extender un panqueque, con una cuchara ( si e para helado mejor ) colocar la mousse de chocolate en la mitad del panqueque en forma decorativa, cubrir con la otra mitad. Servir de inmediato lo podemos acompañar de helado de vainilla y espolvoreado con cacao en polvo. 




Pienso, luego existo.

Mariana Silva

"La vida es corta, y hay que disfrutarla."

Santi

El cartel lo dice todo
La fotografía es antes que nada, una manera de mirar. No la mirada misma.

Felipe Gomez

"Uno no es de donde nace, sino de donde quiere ser."

Cami

Abraza la vida


Maxi

Cosas cotidianas, cosas simples. Para cualquiera son un objeto más, para mi son algo que marcan lo que soy. Objetos que permiten escaparme de la realidad un momento, perderme en la música. Objetos que por mas simples, para mi son complejos.

Miranda

     "Se ha dicho que algo tan pequeño, como el aleteo de las alas de una mariposa,
       puede provocar un huracán en algún lugar del mundo."
                                                                                                                 Teoría del Caos